Los beneficios de la Bioenergía en los niños

 In Casos Clínicos, Experiencias

Hoy no me voy a extender sobre el caso de una de mis pacientes, sino sobre el de su hijo, al que yo solo conocía a través de las conversaciones que manteníamos en las terapias.

Teresa padecía fibromialgia, hacía seis meses que había llegado a mi consulta y su mejoría era muy favorable. Al especialista que la trataba le resultaba sorprendente la mejoría que había hecho en ese tiempo, pero desafortunadamente no mostraba ningún interés en que ella le aportara información sobre la terapia que seguía conmigo. Lamentablemente, esto es habitual en la mayoría de los casos.

Un lunes por la mañana Teresa me llamó, lo hacía para anular la visita que teníamos concertada esa misma tarde. Su hijo se encontraba mal y ella no podía moverse de su lado. Christopher tenía seis años de edad, presentaba un cuadro de vómitos acompañados de fiebre alta, más de 39º. Este cuadro se presentaba a menudo en el transcurso del año, el proceso solía durar más o menos una semana, se debilitaba, y la bajada de peso era considerable.

Había recibido asistencia en el servicio de urgencias hospitalario, le diagnosticaron una inflamación aguda de amígdalas acompañada de fiebre alta. El médico le recetó antibióticos cada ocho horas, antitérmicos e ingestión de líquidos para evitar una posible deshidratación.

La familia vivía cerca de mi despacho, le comenté a Teresa si le parecía bien que pasara por su casa hacia mediodía para aplicar una sesión de Bionergía a su hijo. Estaba segura de que el niño podía mejorar rápidamente. Accedió sin dudarlo.

Eran las dos de la tarde, lo encontré profundamente dormido en el sofá del salón. Teresa estaba muy angustiada, los vómitos no habían cesado desde la noche anterior y Christopher estaba agotado. Le apliqué Bioenergía durante 40 minutos, no despertó durante la sesión y eso ayudó a mantenerlo relajado todo el tiempo. Al terminar le pedí a Teresa que me mantuviera informada porque si no mejoraba al día siguiente podíamos repetir con otra sesión.

Los resultados no se hicieron esperar, al día siguiente me llamó y me contó lo que había ocurrido desde mi marcha. Christopher despertó hacía las cinco de la tarde, la fiebre había subido de nuevo, también volvió a tener un último vomito. Una hora después la fiebre comenzó a remitir. Hacia las 8 de la tarde Teresa le dio un baño, y viendo que estaba un poco mejor intentó darle algo de cenar, pero no quiso probar nada.

Lo llevó a dormir, Christopher no despertó en toda la noche, la fiebre bajó hasta desaparecer del todo. Por la mañana se despertó contento como si nada hubiera ocurrido. Por la tarde ya quería volver al colegio! Tres semanas después seguía perfectamente recuperado.

Este fortuito caso lo atendí en el mes de noviembre del año 2009 y el cuadro que padecía duró apenas veinticuatro horas. Hoy, a noviembre de 2016, ya han pasado siete años. Christopher ha cumplido 13 años y nunca más ha vuelto a presentar un cuadro de esas características.

Ellos confiaron plenamente en la terapia de Bioenergía y en sus resultados, pero también confieso que muchas veces la inmediatez con la que se presentan no dejan de sorprenderme. La terapia de Bioenergía se puede aplicar como tratamiento en múltiples patologías que puede padecer un niño a cualquier edad.

Isabel R. Estrada

Foto: freeImages.com/recep atatanir

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